El perro es el animal que popularmente se conoce como “el mejor amigo del hombre” ya que suelen disfrutar de nuestra compañía tanto como nosotros de la de ellos. Desde que se inició el proceso de domesticación del perro hace ya miles de años los humanos encontramos diversas actividades para compartir junto a ellos y lograr, en muchas ocasiones, una convivencia armoniosa entre ambas especies.

Sin embargo, así como existen humanos que temen a los perros, existen muchos perros que temen a los humanos.

Que nuestro perro tema a las personas no solo es perjudicial para su bienestar, ya que el animal vivirá rodeado de una especie que lo atemoriza, sino que puede resultar negativo para la seguridad de quienes intenten acercarse a él desconociendo esta circunstancia.

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Un perro que está asustado puede intentar huir o quedarse paralizado del miedo en el lugar, pero también puede intentar atacar para deshacerse de aquello que considera una amenaza incipiente. 

Es fundamental evitar caer en el error de que el miedo “pasará”. Si continuamos exponiendo al perro a un estímulo que le produce una emoción negativa la situación solo empeorará. 

Por qué los perros temen a las personas

Los perros pueden temer a las personas por diversos motivos entre los cuales podemos encontrar:

 

Cosas que nunca debemos hacer si un perro le tiene miedo a las personas

  • Castigarlo: Es fundamental saber que nunca se debe retar a un perro que muestre señales de miedo o de amenaza. El animal está experimentando una emoción real y actuando en consecuencia. Castigarlo de cualquier forma no solo añadirá mayor estrés a la situación sino que probablemente empeore el miedo del perro a los humanos. Además, si se castiga a un perro por mostrar señales de miedo, incomodidad o amenaza es probable que terminemos por inhibir estas señales y que, ante una próxima situación de incomodidad el perro no nos advierta y directamente elija atacar. 
  • Forzarlo a interactuar con personas. Forzar a un perro a una situación que le genera malestar puede traer consecuencias muy graves. No sólo aumentaremos el nivel de estrés en el animal y continuaremos asociando a las personas con algo desagradable para él sino que estamos exponiendo a las personas a salir lastimadas. Un perro que no es libre de escapar de una situación que considera amenazante, puede llegar a intentar atacar. 
  • Pensar que se va a pasar solo: debemos saber que la situación no va a mejorar mágicamente con el correr del tiempo, por el contrario cuantas más exposiciones tenga el animal al estímulo que lo incomoda es probable que empeore. 

 

Cómo tratar el miedo en perros a las personas

Para empezar a trabajar en el miedo de un perro hacia las personas es necesario primero determinar la causa y evaluar si le teme  a todos los humanos de manera generalizada o a humanos con ciertas características particulares.

Lo que debemos comenzar a hacer es asociar la presencia de humanos con cosas que resulten agradables para el perro, es decir, comenzaremos un proceso de positivización de las personas. 

Es importante saber que este proceso puede ser algo frustrante al principio porque tomará un poco de tiempo hasta que veamos avances. 

Vamos a necesitar personas voluntarias que quieran ayudarnos a trabajar con nuestro perro. Tenemos que crear situaciones ficticias de trabajo debido a que en situaciones reales sería muy difícil controlar la exposición del perro al estímulo que le genera miedo.

Al trabajar con voluntarios podemos crear situaciones en las cuales regulamos el nivel de exposición e iremos avanzando de a pasos muy pequeños. 

Siempre que trabajemos con voluntarios tendremos que explicarles que deben mantener una postura corporal relajada, evitar mirar al perro y no intentar acariciarlo.

Los voluntarios, sin avanzar en dirección al animal, pueden ir tirando pedacitos de comida rica al suelo a una distancia prudencial. El objetivo de esto es que el perro comience a asociar la presencia de esta persona con algo positivo. 

Luego de varias repeticiones, si el perro no muestra ninguna señal de incomodidad o estrés, podemos pedir al voluntario que ofrezca comida de su mano al animal y ver si este la acepta. 

Vamos a repetir este ejercicio con la misma persona en varias sesiones de entrenamiento y una vez que notemos que el perro tolera la presencia de este humano en particular, podemos empezar con otro. 

Una vez que hayamos realizado el ejercicio con varias personas, podemos empezar a generalizarlo: practicar en plazas, casas de amigos, veterinarias, etc.

Los pasos antes mencionados son una generalización. Cada perro avanzará a su propia velocidad y será necesario establecer un programa de trabajo específico para cada caso dependiendo de sus características particulares. Por ejemplo, no es lo mismo un perro que ladra y se esconde al ver una persona que uno que corre a atacar. 

Desde Filosofía Animal recomendamos contactar a un profesional del comportamiento canino para acompañarlos en el tratamiento.

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