Durante la pandemia hubo pico de adopciones ¿Qué pasará luego?

Al comienza de esta pandemia nos preocupaba que se diera un incremento en el abandono de animales de compañía. En ese momento no había muchas certezas sobre qué rol desempeñaban en la transmisión de la enfermedad. Un perro pomeriano que dio positivo en la prueba del virus y murió días después, algunos pocos gatos también positivos en distintas partes del mundo, un tigre en el zoo de Nueva York infectado por su cuidador y un estudio que conjeturaba irresponsablemente que los perros callejeros de Wuhan eran responsables de la pandemia, formaron parte de un panorama que alarmó a la gente. Sin embargo, para sorpresa de muchos, los abandonos de animales de compañía no se incrementaron y, de hecho, se registró un incremento marcado a nivel global en las tasas de adopciones.

Recientemente, un estudio en Israel mostró cómo la adopción de perros alcanzó su pico máximo en el momento en que las restricciones sociales habían sido más estrictas, incrementándose en un 50%, y disminuyendo luego con la apertura gradual hasta llegar al nivel previo a la pandemia [1].

¿Por qué pasó esto? En ese mismo estudio, se indagaron las motivaciones para adoptar: un 40% indicó que la adopción era independiente de la situación; otro 40% indicó que la idea de adoptar era previa pero que al contar con más tiempo en el hogar les había parecido oportuno; el 20% restante se dividió mayormente en dos grupos: uno que buscaba aliviar su soledad y estrés, y el otro que, temiendo el incremento de abandonos, había querido ayudar a los animales.

Recientemente, un estudio en Israel mostró cómo la adopción de perros alcanzó su pico máximo en el momento en que las restricciones sociales habían sido más estrictas, incrementándose en un 50%, y disminuyendo luego con la apertura gradual hasta llegar al nivel previo a la pandemia [1].

Es evidente que el aislamiento prolongado y las restricciones sociales disminuyen la calidad de vida y el bienestar, e incrementan los niveles de estrés individual y familiar. Al mismo tiempo, es popularmente reconocido que nuestros animales nos ayudan a realizar más actividad física, y a disminuir el estrés y la sensación de soledad. Ahora bien, la adopción con propósito de sobrellevar mejor el momento parece representar una fracción más bien pequeña.

Los dos grupos mayoritarios están representados por la mera coincidencia de la decisión con la pandemia y por el aprovechamiento de la oportunidad. Y claro que fue una oportunidad particular. Sucede que tanto el confinamiento como la adopción de animales implican una reestructuración de reglas y rutinas en el hogar. De modo que aprovechar la oportunidad implica tanto la mayor disponibilidad de tiempo como la necesidad de una reacomodación del hogar. Es decir, ahora tenemos más tiempo para ocuparnos de esto y, además, venga o no el animal, tenemos que hacer cambios. En este punto, puede que no lo hayamos registrado conscientemente, pero los animales de compañía son de gran ayuda en períodos de inestabilidad, crisis y cambios. Ellos nos aportan estabilidad, previsibilidad y apoyo emocional. De modo que estas personas aprovecharon el tiempo, la reacomodación y los beneficios para atravesar los cambios. 

Claro que la compañía animal no es en absoluto una panacea para abordar los factores estresantes como la duración de la cuarentena, miedos de infección, confinamiento o dificultades financieras, entre otros; y tener un animal de compañía puede empeorar el estrés relacionado con los suministros de alimentos para mascotas, cuidado veterinario, además de implicar costos financieros. 

Un dato objetivo son los registros de hospitales, que indican casi tres veces más ingresos a emergencias pediátricas por mordeduras de perros desde que se instaló el confinamiento [3]

También del lado negativo de la relación, las personas indicaron un incremento en problemas de conducta de sus animales durante este período [2]. Esto incluyó un aumento de ladridos, excitabilidad y conductas de búsqueda de atención. Claro que es difícil decir si los problemas efectivamente aumentaron o si las personas simplemente están más tiempo con sus animales y registran más estas conductas. Es posible que haya de ambos. Un dato objetivo son los registros de hospitales, que indican casi tres veces más ingresos a emergencias pediátricas por mordeduras de perros desde que se instaló el confinamiento [3].

Si bien, de momento, no hay registros claros de aumento de abandonos de animales, el fantasma del riesgo sigue sobrevolando. Ahora se liga a la preocupación de qué ocurrirá una vez que las personas debamos retomar las rutinas previas. Es decir, cuando la próxima reacomodación ya no sea tan compatible con las necesidades de estos animales.

 Sin dudas, esa reacomodación será un nuevo desafío tanto para humanos como para animales, y requerirá paciencia, tiempo y esfuerzo. Su resultado dependerá en gran medida de la actitud con que la afrontemos, y esta disposición está condicionada culturalmente. De modo que es responsabilidad de todos informar, enseñar y educar en pos de ese cambio. Esto incluye tanto a entrenadores y etólogos como a los psicólogos; tanto a los comunicadores como a amigos y parientes. Está en todos poder destacar hoy las conductas sanas en el hogar, como fomentar la autonomía y respetar los momentos de independencia; afrontar los cambios gradualmente, dando lugar a una construcción paciente de nuevas reglas y rutinas; y destacar los valores del cuidado y la responsabilidad sobre el bienestar animal.

Esta actitud es parte de lo que esperamos y pretendemos se consolide luego de la pandemia, habiéndonos fortalecido como especie y en nuestra conexión con el resto de los animales y del mundo natural.

 

Referencias

[1] Morgan, L., Protopopova, A., Birkler, R. I. D., Itin-Shwartz, B., Sutton, G. A., Yakobson, B., & Raz, T. (2020). Human-dog relationships during COVID-19 pandemic; booming dog adoption during social isolation. https://doi.org/10.31235/osf.io/s9k4y

[2] Bowen, J., García, E., Darder, P., Argüelles, J., & Fatjó, J. (2020). The effects of the spanish COVID-19 lockdown on people, their pets and the human-animal bond. Journal of Veterinary Behavior. https://doi.org/10.1016/j.jveb.2020.05.013

[3] Dixon, C. A., & Mistry, R. D. (2020). Dog Bites in Children Surge during COVID-19: A Case for Enhanced Prevention. The Journal of Pediatrics. https://DOI: 10.1016/j.jpeds.2020.06.071.

Marcos Diaz Videla

Marcos Diaz Videla

Dr. en Psicología dedicado a la Antrozoología. Docente en Universidad de Flores, autor del libro Antrozoología y la relación humano-perro, y de numerosos artículos científicos de la especialidad. MN: 40.229

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